Hermano, Paco Urondo

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«Quiero comenzar una vida de acuerdo con mis ideas. A menudo hablamos, decimos muchas cosas, pero no hacemos nada y envejecemos en años o en espíritu que es peor. Hay ejemplos a granel no es necesario recurrir a ellos, solo sé que siempre a los que queremos iniciar una lucha nos la ponen delante de las narices y nos dicen: mira. Son los viejos anarquistas, buenos burgueses hoy; son los poetas melenudos de ayer, miembros hoy de alguna sociedad cultural. Este tipo de gente que antes me asustaba, hoy ya no y son los que he clasificado –pese a mi aversión a las clasificaciones- en la especie de los que “hablaban”, de los muertos de antemano. Por lo tanto, amigo mío, quiero decirte que yo quiero: pensar, decir y sobre todo hacer. Hacer qué me dirás. Es difícil y es fácil de explicarlo. Se sintetiza en una palabra: Vivir.»

Escribe Urondo, con veintiún años de edad, en 1951, al padre que lo increpa porque no sigue estudios universitarios y le clava la duda: ¿Cómo se va a ganar la vida? Y desde entonces Paco no se deja pelar en academias ni redondear por las hamburguesas de los atracones culturales inservibles. Aunque siempre fornido y de buenos apetitos, más bien hizo un camino a la inversa. Es eso lo que resuena y no desaparece ni se diluye y hace que crezca más, con cada nueva lectura, la obra de Paco Urondo. Aunque pueda molestar a quienes prefieren verlo muerto, calladito como el mundo ideal genocida, Urondo sin truco religioso, se levanta y anda en cada página que nos dejó vivita y coleando.
¿Se puede apagar la instancia vital, que impregna por ejemplo la decisión de tomar la palabra por el mango y hacer lo que nadie se esperaba pero todos necesitamos?
Esa es la pregunta que instala Urondo desde el vamos, desde el inicio de su obra hasta un hoy que no tiene final. Su vida resuena, genera validez, desconcierto, actualidad y frescura volviéndose poema que multiplica los interrogantes que arraigan en nuestros latidos. Y desde ahí nos mira, incomodándonos, desafiando a la vida y a confiar en el frágil barquito de papel del destino.

Beatriz Urondo, hermana de Paco Urondo.